Caminos del Inca
es la prueba más ruda de nuestras pistas, una carrera de largo aliento que
recorre terrenos de todo tipo, desde zonas
asfaltadas rápidas hasta trochas de tierra trabadas con curvas; subidas
a la cordillera y retorno al litoral en pocas horas, obstáculos imprevistos como
el ganado o la falta de señal. Por ese motivo muchos la describen como si fuese 20 carreras en una.
Las ventajas que
se manejan en las distintas etapas, no aseguran el éxito a ningún piloto. Los
obstáculos y los incidentes inesperados los puedes encontrar en cualquier
momento y más si es una carrera tan larga y costosa tanto para el piloto,
copiloto y para su auto.
Para el equipo
dentro del auto, el reto es tremendo. Los diferentes tipos de pistas y climas
que se presentan dificultan mantener la energía estable. Los cambios de altura,
temperatura, presión y terreno son parte fundamental de la prueba. Por este
motivo los pilotos afirman que lo más difícil
de Caminos del Inca es mantener el ritmo. Requiere un gran esfuerzo
tanto para el timón como al copiloto la habilidad de la tranquilidad y realizar
un excelente trabajo ya que son los “ojos” del piloto.
Este rally no solo
pone a prueba a los pilotos sino también a los vehículos. Sus rutas
pavimentadas o de tierra presentan obstáculos y sorpresas. Durante los caminos
los motores pasan largas horas exigidos
a máxima velocidad. Las probabilidades de tener problemas mecánicos o incluso
de romper motor son muy altas.
En un país tan grande y diverso como el Perú, una
carrera de autos es capaz de paralizar a los pueblos y convocar a miles de
personas en la ruta.
Si hay algo que se
le puede comparar al rally Caminos del Inca es vivirlo, desde la partida de los
autos hasta que culmina la competencia, miles de personas acompañan la ruta en todas sus etapas y
enlaces con características distintas en cada tramo.
Las primeras
etapas en el pasado y los superprimes de la actualidad tienen algo en común: alrededor
de los autos se vive la competencia y los fanáticos se trasladan hasta el lugar
donde se da el primer banderazo, justo antes de iniciar para comentar entre
ellos a sus favoritos. Los exteriores de las maquinas y las estrategias de los
equipos.
Es hermoso
percibir las enormes olas de gente, familias y amigos que se dan el tiempo de
levantarse temprano para esperar el desfile de autos que solo pasan una vez al
año y solo unos segundos, siendo para ellos un hermoso espectáculo. Es por eso
que se comentaba que los municipios de cada ciudad tienen mucho que ver con
esta fiesta. Se conversa para que las rutas se generen en espacios alternos a
los pueblos o sitios aledaños.
Desde muy temprano
si la carrera no pasa por sus tierras, los fanáticos salen a buscar sitios
abiertos para no perderse el espectáculo. “Los provincianos tenemos familiares
y amigos que nos esperan en las etapas, y eso le da otra mística, otras ganas
de seguir peleando por ganar” dice el huancaíno Edgardo “Cachete” Arimborgo.
Cuando los autos
van llegando, los espectadores tiran flores y animan a los punteros. Si algún
carro para a arreglar algún incidente mecánico, los fanáticos se acercan a
saludar e, incluso algunos pilotos reciben platillos típicos de la zona para la
ruta o hasta costales de papas, que se entregan a nombre del pueblo.
Los colegios dejan
como tarea a los niños ir a ver las carreras y apuntar en sus cuadernos los
autos que llegan primero a los pueblos, los números en las puertas y los
nombres de los pilotos además de dibujos de los competidores. La emoción se
transforma cuando un piloto nacido en alguna comunidad del camino aparece en el
grupo de avanzada. Quedan para el recuerdo las historias de aquellos animadores
que bajaban de sus coches para abrazar a su gente entre risas y lagrimas. Es
hermoso ver que un piloto los represente es por eso que el interés es
insuperable.


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